En esta página
- ¿El COVID-19 daña el hígado?
- ¿Tengo más riesgo si ya tengo una enfermedad hepática?
- ¿Deben vacunarse las personas con enfermedad del hígado?
- ¿Los tratamientos contra el COVID-19 son seguros para el hígado?
- No suspenda sus medicamentos ni sus controles
- Cuide también el resto de su salud
- ¿Cuándo debo consultar?
- Vea también
El COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2, es sobre todo una infección respiratoria, pero también puede afectar al hígado. En la mayoría de las personas ese efecto es leve y pasajero: durante la infección se elevan un poco las transaminasas y luego vuelven a la normalidad. La pregunta que más preocupa a nuestros pacientes es distinta: quienes ya tienen una enfermedad del hígado, ¿corren más riesgo? La respuesta es que las personas con cirrosis y con enfermedad hepática crónica avanzada sí tienen mayor riesgo de COVID grave, y por eso conviene conocer algunas medidas concretas.
Este artículo se escribió al comienzo de la pandemia, en mayo de 2020, y lo hemos actualizado con lo que aprendimos después. Aquellos primeros meses estuvieron marcados por la incertidumbre, los confinamientos y la falta de vacunas. Hoy la COVID-19 ya no es una emergencia sanitaria mundial y contamos con vacunas y tratamientos, de modo que la mirada es más tranquila, aunque el cuidado del paciente hepático sigue siendo importante.
¿El COVID-19 daña el hígado?
En la mayoría de los casos, no de forma seria. Es frecuente que durante la infección aparezca una elevación leve de las transaminasas (las enzimas ALT y AST), a veces junto con un aumento de la gamma-glutamil transpeptidasa (GGT). En general esta alteración es transitoria y se resuelve al mejorar la enfermedad, sin dejar secuelas.
Varios mecanismos explican este fenómeno. El virus puede afectar de manera indirecta al hígado a través de la inflamación generalizada, la falta de oxígeno en los casos graves y el efecto de algunos medicamentos usados durante la hospitalización. El daño hepático directo por el virus parece menos relevante. Cuando las transaminasas suben mucho, suele ser reflejo de una COVID más grave, y no de un problema primario del hígado.
¿Tengo más riesgo si ya tengo una enfermedad hepática?
Depende de la etapa de su enfermedad. Las personas con hígado sano o con alteraciones leves toleran la infección de forma parecida a la población general. El riesgo aumenta a medida que la enfermedad hepática es más avanzada.
Los registros internacionales que reunieron datos de cientos de pacientes durante la pandemia mostraron que:
- En personas con cirrosis, la mortalidad por COVID-19 fue claramente mayor que en quienes tenían enfermedad hepática sin cirrosis.
- El riesgo aumentó según la gravedad de la cirrosis, medida por la clasificación de Child-Pugh: a peor función del hígado, peor pronóstico.
- La infección pudo provocar una descompensación de la cirrosis (aparición de ascitis, encefalopatía o insuficiencia hepática), a veces incluso sin síntomas respiratorios llamativos.
Entre las personas con hígado graso, la obesidad y la diabetes que suelen acompañarlo también se asocian a formas más graves de COVID-19. En cambio, un dato tranquilizador: los pacientes con hepatitis autoinmune que reciben inmunosupresores no mostraron peor evolución por ese solo hecho, por lo que no se recomienda suspender esos tratamientos.
¿Deben vacunarse las personas con enfermedad del hígado?
Sí. La vacunación contra COVID-19 está recomendada en las personas con enfermedad hepática crónica, con cirrosis y en quienes han recibido un trasplante de hígado, justamente porque son los grupos con más riesgo de enfermedad grave. Las sociedades de hepatología, entre ellas la europea (EASL), respaldaron desde temprano esta indicación.
Conviene tener presente un matiz. La respuesta a la vacuna puede ser algo más débil en pacientes con cirrosis avanzada y, sobre todo, en trasplantados que reciben inmunosupresores, ya que su sistema inmune responde con menos fuerza. Por eso en estos grupos las dosis de refuerzo son especialmente importantes. La indicación y el calendario de vacunación siempre debe conversarlos con su médico.
¿Los tratamientos contra el COVID-19 son seguros para el hígado?
En general sí, pero hay que tener cuidado con las interacciones. Algunos antivirales orales usados contra la COVID-19, en particular la combinación nirmatrelvir/ritonavir, pueden interactuar con varios medicamentos, incluidos los inmunosupresores que toman los pacientes trasplantados. Por eso, si a usted le indican un antiviral para el COVID-19, es fundamental que el médico revise todos sus medicamentos habituales antes de empezar.
Si tiene una enfermedad hepática, evite automedicarse. En particular, no supere la dosis recomendada de paracetamol para la fiebre o el malestar, y consulte antes de tomar antiinflamatorios u otros fármacos.
No suspenda sus medicamentos ni sus controles
Este consejo, que dimos al inicio de la pandemia, sigue vigente. No debe suspender ni reducir la dosis de sus medicamentos sin indicación de su médico. Esto incluye los corticoides como la prednisona, los inmunomoduladores como la azatioprina y, con mayor razón, los inmunosupresores si usted es trasplantado. Suspenderlos por cuenta propia expone a una descompensación o a una reactivación de la enfermedad.
Tampoco pierda sus controles. La continuidad de la atención es clave para prevenir complicaciones como la ascitis, la encefalopatía hepática o la reactivación de una hepatitis. La telemedicina, que se masificó durante la pandemia, sigue siendo una buena alternativa para mantener el seguimiento cuando acudir de forma presencial resulta difícil.
Cuide también el resto de su salud
La pandemia dejó algunas lecciones que conservan valor:
- Alcohol. Las personas con enfermedad del hígado, y en especial con cirrosis, no deben consumir alcohol. El estrés y el aislamiento aumentaron el consumo peligroso en muchos lugares. Si le cuesta controlarlo, pida ayuda a su médico.
- Otras vacunas. Además de la vacuna contra el COVID-19, las personas con enfermedad hepática crónica deben mantener al día la vacuna anual contra la influenza y la del neumococo.
- Rutinas sanas. Mantener horarios regulares, actividad física suave y contacto social, aunque sea a distancia, ayuda a sobrellevar mejor cualquier período de aislamiento.
¿Cuándo debo consultar?
Ante fiebre o síntomas respiratorios como tos, dolor de garganta o dificultad para respirar, consulte a su médico. La dificultad para respirar siempre es un síntoma que requiere atención en un servicio de urgencia de forma inmediata.
Si usted tiene cirrosis, esté atento además a signos de descompensación: aumento del volumen abdominal, hinchazón de las piernas, confusión o somnolencia inusual, o color amarillo en la piel y los ojos. El COVID-19 puede desencadenar estas complicaciones, a veces antes que los síntomas respiratorios.
Vea también
Referencias
- Marjot T, et al. Outcomes following SARS-CoV-2 infection in patients with chronic liver disease: an international registry study. J Hepatol. 2021;74(3):567-577.
- Cornberg M, et al. EASL position paper on the use of COVID-19 vaccines in patients with chronic liver diseases, hepatobiliary cancer and liver transplant recipients. J Hepatol. 2021;74(4):944-951.
- Boettler T, et al. Impact of COVID-19 on the care of patients with liver disease: EASL-ESCMID position paper after 6 months of the pandemic. JHEP Rep. 2020;2(5):100169.
- Marjot T, et al. SARS-CoV-2 infection in patients with autoimmune hepatitis. J Hepatol. 2021;74(6):1335-1343.
- Cheung KS, et al. COVID-19 vaccine immunogenicity among chronic liver disease patients and liver transplant recipients: a meta-analysis. Clin Mol Hepatol. 2022;28(4):890-911.