La clave de una dieta para las personas con enfermedades del hígado es la moderación en las comidas
Una buena alimentación, proveniente de una dieta balanceada puede ayudar a regenerar las células del hígado que han sido dañadas por una hepatitis viral, formando nuevas células. La nutrición es parte esencial del tratamiento. En muchas enfermedades crónicas del hígado se encuentra una malnutrición asociada.
Un propósito de la dieta en el tratamiento es proporcionar suficientes calorías y proteínas. Sin embargo, mucha proteína puede causar encefalopatía hepática (confusión mental; esto ocurre cuando la cantidad de proteína de la dieta es mayor que la capacidad del hígado para utilizarla) causada por acumulación de toxinas que interfieren con la función cerebral. La proteína se restringe a los pacientes con evidencia de encefalopatía, sin embargo existe controversia acerca del tipo de proteína que debe contener la dieta. La proteína de los vegetales y lácteos puede ser mejor tolerada que la proteína de la carne. Los medicamentos como la lactulosa y la neomicina pueden ser utilizados para controlar los casos de encefalopatía hepática. Debido a la necesidad de proteínas que tiene el organismo la restricción de la misma debe realizarse bajo indicación y vigilancia del médico.
Es importante llevar una dieta balanceada. El exceso de calorías en forma de carbohidratos puede llevar a disfunción hepática y causar depósitos de grasa en el hígado. No más del 30% de las calorías totales deben provenir de las grasas debido al daño que estas pueden causar al sistema cardiovascular. En este sentido, evitar la obesidad es un objetivo importante en las personas con daño hepático crónico.
La buena nutrición también ayuda a mantener el balance de líquidos y electrolitos en el cuerpo. Los pacientes con retención de líquido e hinchazón del abdomen (ascitis), o de las piernas (edema periférico), pueden necesitar una dieta baja en sal para evitar la retención de sodio, el cual contribuye a la retención de líquidos. Una forma de ayudar a reducir la ingesta de sodio es evitando comidas tales como sopas y comidas en conservas, condimentos tales como la mayonesa y ketchup. Lea cuidadosamente la etiquetas, ya que muchas comidas preparadas tienen grandes cantidades de sal. Por su sabor, el mejor sustituto de la sal es el jugo de limón. Además del limón, la comida puede ser condimentada con pequeñas cantidades de pimienta o ají, en los casos en que la sal deba restringirse importantemente.
Cantidades excesivas de algunas vitaminas pueden ser una fuente adicional de estrés para el hígado ya que este actúa como filtro para el cuerpo. Los suplementos megavitamínicos, particularmente si contienen mucha vitaminas A y D pueden ser peligrosos. El exceso de vitaminas es muy tóxico para el hígado.
Hay que tener cuidado con las llamadas “terapias nutricionales” y las dietas. Antes de recomendar estos tratamientos hay que estudiarlos científica y rigurosamente. Los tratamientos o dietas “naturales” y las hierbas medicinales no están exentos de peligro. Plantas de las familias del Senecio, Crotalaria y Heliotropium, té de mate, chaparral, gordolobo, Jin Blu huan, consuelda u oreja de burro, muérdago, escutelaria, aceite de margosa y poleo pueden ser tóxicas para el hígado. Para los pacientes con hepatitis crónica es muy importante seguir las indicaciones de su médico, ya que él sabe qué restricciones requiere el paciente según el estado de la enfermedad.
En resumen, la dieta debe ser equilibrada y no es restrictiva salvo en determinadas situaciones. El único componente de la alimentación que habitualmente debe eliminarse por completo es el alcohol (en cualquier tipo de bebida y cantidad).
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