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Una mujer con hepatitis B puede tener un embarazo normal y amamantar. El principal cuidado es evitar que el virus se transmita al recién nacido, algo que hoy se logra en la gran mayoría de los casos mediante el diagnóstico durante el embarazo, el tratamiento antiviral cuando corresponde y la protección del bebé apenas nace.

La transmisión ocurre principalmente en torno al parto. Sin medidas preventivas, un recién nacido infectado tiene una probabilidad muy alta de desarrollar hepatitis B crónica. Por eso no conviene esperar a que aparezcan síntomas: toda embarazada debe conocer su resultado de HBsAg.

El examen durante el embarazo

El HBsAg es el examen inicial que detecta una infección actual. Se solicita en cada embarazo, aunque la mujer se haya vacunado o haya tenido un resultado negativo anteriormente. Si es positivo, debe confirmarse y completarse el estudio.

La evaluación incluye:

  • ADN del VHB o carga viral, idealmente durante el segundo trimestre, para estimar el riesgo de transmisión.
  • ALT y AST y otros exámenes del hígado.
  • HBeAg y otros marcadores de hepatitis B según el caso.
  • Exámenes para hepatitis D, hepatitis C y VIH.
  • Evaluación clínica para saber si la madre necesita tratamiento por su propia salud.

¿Cuándo se indica tratamiento durante el embarazo?

Si la carga viral es alta, se recomienda tenofovir disoproxil fumarato (TDF) durante la última parte del embarazo. Este antiviral disminuye la cantidad de virus en la sangre y reduce aún más el riesgo de transmisión cuando se suma a la protección del recién nacido.

El tenofovir alafenamida (TAF) es una formulación más nueva que logra concentraciones eficaces dentro de las células con una menor exposición sistémica a tenofovir. Estudios prospectivos y un metaanálisis publicado en 2024 muestran que TAF también reduce la carga viral materna y alcanza tasas de prevención de la transmisión comparables a TDF, sin señales nuevas de seguridad para la madre o el recién nacido en los datos disponibles.

TDF sigue siendo la opción preferida en la mayoría de las guías internacionales porque cuenta con más años de experiencia y un volumen mayor de datos durante el embarazo. TAF puede considerarse en casos seleccionados, por ejemplo cuando existe riesgo renal u óseo o cuando la mujer ya lo usa para controlar su hepatitis B. La elección debe hacerla un especialista, revisando además su disponibilidad y autorización local.

Algunas mujeres ya necesitan tratamiento por hepatitis B activa o fibrosis, con independencia del embarazo. En ellas el antiviral no debe suspenderse sin una evaluación especializada. Una interrupción brusca puede producir una reactivación de la hepatitis.

La decisión sobre cuándo iniciar y cuándo suspender el tratamiento depende de la carga viral, la salud del hígado y el motivo de la indicación. Después del parto se controlan las transaminasas porque puede ocurrir una reactivación transitoria.

¿Qué debe recibir el recién nacido?

El hijo de una madre con HBsAg positivo debe recibir cuanto antes, idealmente dentro de las primeras 12 horas de vida:

  • La primera dosis de vacuna contra la hepatitis B.
  • Inmunoglobulina específica contra hepatitis B, en un sitio distinto de la vacuna.

Luego debe completar el esquema de vacunación en las fechas indicadas. Entre los 9 y 12 meses, o al menos uno a dos meses después de la última dosis, se controlan HBsAg y anti-HBs para confirmar que el niño no se infectó y quedó protegido.

La vacuna y la inmunoglobulina no deben retrasarse mientras se espera el resultado de la carga viral materna.

Parto y lactancia

La hepatitis B por sí sola no obliga a realizar una cesárea. La vía del parto se decide por razones obstétricas. Tampoco se recomienda separar a la madre de su hijo.

La lactancia materna es segura cuando el recién nacido recibió la profilaxis indicada, incluso si la madre usa tenofovir. Si existen grietas profundas o sangrado del pezón, conviene pedir orientación hasta que cicatricen.

¿Qué pasa con la pareja y la familia?

La pareja sexual y los convivientes deben hacerse el panel de hepatitis B y vacunarse si no son inmunes. No es necesario separar utensilios ni evitar abrazos. Sí conviene no compartir cepillos de dientes, máquinas de afeitar u objetos que puedan tener sangre.

Con una coordinación oportuna entre obstetricia, hepatología y pediatría, el riesgo para el recién nacido se reduce a un nivel muy bajo.

Vea también

Referencias

  1. World Health Organization. Guidelines for the prevention, diagnosis, care and treatment for people with chronic hepatitis B infection. Geneva: World Health Organization; 2024.
  2. Pan CQ, Duan Z, Dai E, et al. Tenofovir to Prevent Hepatitis B Transmission in Mothers with High Viral Load. N Engl J Med. 2016;374(24):2324-2334.
  3. Ministerio de Salud de Chile. Lineamientos técnicos operativos: vacuna contra virus hepatitis B en el recién nacido. Santiago: MINSAL; 2019.
  4. Pan CQ, Zhu L, Yu AS, et al. Tenofovir Alafenamide Versus Tenofovir Disoproxil Fumarate for Preventing Vertical Transmission in Chronic Hepatitis B Mothers: A Systematic Review and Meta-Analysis. Clin Infect Dis. 2024;79(4):953-964.
  5. Han G, Zhou G, Sun T, et al. Tenofovir alafenamide in blocking mother-to-child transmission of hepatitis B virus: a multi-center, prospective study. J Matern Fetal Neonatal Med. 2022;35(26):10551-10558.
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