En esta página
La cirrosis compensada significa que el hígado tiene una cicatriz avanzada, pero todavía cumple sus funciones y no ha producido complicaciones como ascitis, hemorragia por várices o encefalopatía. Muchas personas se sienten bien y pueden mantenerse estables durante años.
Sentirse bien no elimina la necesidad de controles. El seguimiento busca tratar la causa, prevenir la primera descompensación y detectar precozmente el cáncer de hígado, cuando todavía puede curarse.
Tratar la causa sigue siendo lo primero
El paso que más cambia el pronóstico es detener aquello que dañó el hígado. Esto puede significar curar una hepatitis C, controlar la hepatitis B, suspender por completo el alcohol, bajar de peso en el hígado graso o tratar una enfermedad autoinmune.
Aunque la fibrosis mejore, el diagnóstico previo de cirrosis no debe borrarse de la historia clínica sin una evaluación especializada. Algunos riesgos persisten y requieren vigilancia.
Ecografía cada seis meses
Toda persona con cirrosis debe realizar vigilancia de hepatocarcinoma con una ecografía abdominal cada seis meses. Habitualmente se agrega alfafetoproteína en sangre. Hacerla una vez al año no ofrece la misma protección, y una tomografía normal no reemplaza los controles futuros.
Si la ecografía no permite ver bien el hígado, por ejemplo por obesidad o características anatómicas, el médico puede indicar resonancia o tomografía con un protocolo específico.
Várices e hipertensión portal
La cirrosis puede aumentar la presión en la vena porta antes de causar síntomas. Para estimar este riesgo se usan el recuento de plaquetas, la elastografía y, en algunos casos, una endoscopia digestiva alta.
Según los resultados, el médico puede indicar un betabloqueador no selectivo, como carvedilol, para reducir el riesgo de descompensación o sangrado. No todas las personas necesitan endoscopias repetidas ni el mismo tratamiento. Tampoco debe iniciar o suspender estos medicamentos por cuenta propia.
Exámenes y consultas periódicas
La frecuencia se adapta a cada persona, pero el control suele incluir:
- Hemograma y plaquetas.
- Bilirrubina, albúmina, creatinina y sodio.
- Tiempo de protrombina o INR.
- Evaluación de peso, presión, diabetes y nutrición.
- Revisión de medicamentos, vacunas y consumo de alcohol.
Estos datos permiten calcular puntajes como MELD y Child-Pugh cuando es necesario, y detectar cambios antes de que produzcan síntomas claros.
Alimentación, ejercicio y medicamentos
No se recomienda una dieta sin proteínas. La pérdida de músculo es frecuente en la cirrosis y empeora el pronóstico. Conviene mantener suficiente proteína, evitar ayunos prolongados y realizar actividad física de fuerza dentro de las posibilidades de cada persona.
Evite antiinflamatorios como ibuprofeno, diclofenaco o naproxeno salvo una indicación médica expresa. Revise también hierbas y suplementos naturales. Las vacunas contra influenza, COVID-19, neumococo, hepatitis A y hepatitis B se indican según edad, antecedentes e inmunidad.
Señales de descompensación
Consulte pronto si aparece aumento del abdomen o de las piernas, ictericia, confusión, somnolencia, vómitos con sangre o deposiciones negras. La primera aparición de ascitis, hemorragia o encefalopatía cambia el manejo y puede hacer necesario evaluar un trasplante hepático.
Un calendario simple y constante es más útil que controles intensivos pero irregulares. Lleve sus exámenes anteriores y anote la fecha de la próxima ecografía antes de salir de la consulta.
Vea también
Referencias
- Kaplan DE, Ripoll C, Thiele M, et al. AASLD Practice Guidance on risk stratification and management of portal hypertension and varices in cirrhosis. Hepatology. 2024;79(5):1180-1211.
- de Franchis R, Bosch J, Garcia-Tsao G, et al. Baveno VII: Renewing consensus in portal hypertension. J Hepatol. 2022;76(4):959-974.
- Singal AG, Llovet JM, Yarchoan M, et al. AASLD Practice Guidance on prevention, diagnosis, and treatment of hepatocellular carcinoma. Hepatology. 2023;78(6):1922-1965.