Ictericia

La coloración amarilla de las escleras es un síntoma característico de las enfermedades del hígado.

La ictericia se refiere al color amarillo que toma la piel debido al aumento de la bilirrubina en la sangre. La ictericia es uno de los síntomas más clásicos de las enfermedades del hígado y se manifiesta cuando la bilirrubina en la sangre aumenta sobre 2 a 3 mg/dL (el valor normal es inferior a 1). Habitualmente antes de producirse ictericia se produce coluria, que es la coloración oscura de la orina por excreción de la bilirrubina a través de los riñones.

La ictericia no es una enfermedad en sí misma, sino que es un signo de alarma. La elevación de la bilirrubina habitualmente se debe a una falla en la excreción, ya sea porque el hígado tiene un problema (por ejemplo, hepatitis aguda) o por una obstrucción de la vía biliar. Menos frecuentemente hay ictericia por excesiva producción de bilirrubina, como por ejemplo en las anemias hemolíticas. El síndrome de Gilbert es una causa frecuente de elevación leve de bilirrubina y de ictericia.

Nutrición e hígado

Café y frutas
La clave de una dieta para las personas con enfermedades del hígado es la moderación en las comidas

Una buena alimentación, proveniente de una dieta balanceada puede ayudar a regenerar las células del hígado que han sido dañadas por una hepatitis viral, formando nuevas células. La nutrición es parte esencial del tratamiento. En muchas enfermedades crónicas del hígado se encuentra una malnutrición asociada.

Un propósito de la dieta en el tratamiento es proporcionar suficientes calorías y proteínas. Sin embargo, mucha proteína puede causar encefalopatía hepática (confusión mental; esto ocurre cuando la cantidad de proteína de la dieta es mayor que la capacidad del hígado para utilizarla) causada por acumulación de toxinas que interfieren con la función cerebral. La proteína se restringe a los pacientes con evidencia de encefalopatía, sin embargo existe controversia acerca del tipo de proteína que debe contener la dieta. La proteína de los vegetales y lácteos puede ser mejor tolerada que la proteína de la carne. Los medicamentos como la lactulosa y la neomicina pueden ser utilizados para controlar los casos de encefalopatía hepática. Debido a la necesidad de proteínas que tiene el organismo la restricción de la misma debe realizarse bajo indicación y vigilancia del médico.

Es importante llevar una dieta balanceada. El exceso de calorías en forma de carbohidratos puede llevar a disfunción hepática y causar depósitos de grasa en el hígado. No más del 30% de las calorías totales deben provenir de las grasas debido al daño que estas pueden causar al sistema cardiovascular. En este sentido, evitar la obesidad es un objetivo importante en las personas con daño hepático crónico. El consumo de frutas y verduras es importante.

La buena nutrición también ayuda a mantener el balance de líquidos y electrolitos en el cuerpo. Los pacientes con retención de líquido e hinchazón del abdomen (ascitis), o de las piernas (edema periférico), pueden necesitar una dieta baja en sal para evitar la retención de sodio, el cual contribuye a la retención de líquidos. Una forma de ayudar a reducir la ingesta de sodio es evitando comidas tales como sopas y comidas en conservas, condimentos tales como la mayonesa y ketchup. Lea cuidadosamente la etiquetas, ya que muchas comidas preparadas tienen grandes cantidades de sal. Por su sabor, el mejor sustituto de la sal es el jugo de limón. Además del limón, la comida puede ser condimentada con pequeñas cantidades de pimienta o ají, en los casos en que la sal deba restringirse importantemente.

Cantidades excesivas de algunas vitaminas pueden ser una fuente adicional de estrés para el hígado ya que este actúa como filtro para el cuerpo. Los suplementos megavitamínicos, particularmente si contienen mucha vitaminas A y D pueden ser peligrosos. El exceso de vitaminas es muy tóxico para el hígado.

Hay que tener cuidado con las llamadas “terapias nutricionales” y las dietas. Antes de recomendar estos tratamientos hay que estudiarlos científica y rigurosamente. Los tratamientos o dietas “naturales” y las hierbas medicinales no están exentos de peligro. Plantas de las familias del Senecio, Crotalaria y Heliotropium, té de mate, chaparral, gordolobo, Jin Blu huan, consuelda u oreja de burro, muérdago, escutelaria, aceite de margosa y poleo pueden ser tóxicas para el hígado. Para los pacientes con hepatitis crónica es muy importante seguir las indicaciones de su médico, ya que él sabe qué restricciones requiere el paciente según el estado de la enfermedad.

En resumen, la dieta debe ser equilibrada y no es restrictiva salvo en determinadas situaciones. El único componente de la alimentación que habitualmente debe eliminarse por completo es el alcohol (en cualquier tipo de bebida y cantidad).

Sindrome de Gilbert

Plato vacío
El ayuno prolongado puede hacer más evidente el aumento de la bilirrubina en el síndrome de Gilbert.

Algunas personas tienden a presentar en forma intermitente coloración amarilla de las escleras (la parte blanca del ojo) o de la piel sin tener otros síntomas de enfermedades del hígado. La gran mayoría de estas personas tienen lo que se llama síndrome o enfermedad de Gilbert. Esta es una afección benigna muy frecuente del hígado (aproximadamente el 9% de la población está afectada).

Algunas situaciones como el ayuno prolongado, falta de sueño, una infección, stress o cirugías pueden hacer que el nivel de bilirrubina aumente más. Es importante reconocer esta afección para evitar exámenes y estudios innecesarios.

La situación más habitual que lleva al diagnóstico es el hallazgo de bilirrubina elevada en exámenes (p. ej. perfil bioquímico) realizados por rutina o por síntomas no relacionados con el hígado. Esto hallazgo muchas veces genera ansiedad en el paciente y, lo que es peor, puede llevar al médico no familiarizado con esta afección a realizar una serie de exámenes que no son necesarios.

En los exámenes de sangre lo central es que la bilirrubina total está aumentada, pero la bilirrubina conjugada (también llamada “directa”) está en niveles normales. Raramente la bilirrubina total supera los 5 mg/dL. Los otras exámenes hepáticos habituales como transaminasas (SGOT y SGPT), fosfatasas alcalinas (FA), gama glutamil transpeptidasa (GGT), albúmina y tiempo de protrombina están dentro de límites normales. Normalmente se pide además un hemograma para descartar hemólisis (enfermedades caracterizadas por destrucción acelerada de los glóbulos rojos), ya que estas enfermedades pueden dar un patrón similar de elevación de la bilirrubina.

El síndrome de Gilbert se origina en una disminución de la capacidad de excretar bilirrubina por la célula hepática. La bilirrubina es producto de la degradación de la hemoglobina presente en los glóbulos rojos. Normalmente la bilirrubina es captada por hígado y se “conjuga” (une) a ácido glucurónico, lo que permite que sea soluble en agua y pueda ser excretada en la bilis. La enzima que conjuga la bilirrubina se llama uridindifosfoglucuronato glucuronosiltransferasa (UGT) y su producción se regula por un promotor que puede tener una mutación que provoca una menor producción de esta enzima. El síndrome de Gilbert se hereda de forma autosómica recesiva.

No se requiere ningún tratamiento específico para la enfermedad o síndrome de Gilbert.