Ictericia

La coloración amarilla de las escleras es un síntoma característico de las enfermedades del hígado.

La ictericia se refiere al color amarillo que toma la piel debido al aumento de la bilirrubina en la sangre. La ictericia es uno de los síntomas más clásicos de las enfermedades del hígado y se manifiesta cuando la bilirrubina en la sangre aumenta sobre 2 a 3 mg/dL (el valor normal es inferior a 1). Habitualmente antes de producirse ictericia se produce coluria, que es la coloración oscura de la orina por excreción de la bilirrubina a través de los riñones.

La ictericia no es una enfermedad en sí misma, sino que es un signo de alarma. La elevación de la bilirrubina habitualmente se debe a una falla en la excreción, ya sea porque el hígado tiene un problema (por ejemplo, hepatitis aguda) o por una obstrucción de la vía biliar. Menos frecuentemente hay ictericia por excesiva producción de bilirrubina, como por ejemplo en las anemias hemolíticas. El síndrome de Gilbert es una causa frecuente de elevación leve de bilirrubina y de ictericia.

Hepatología

¿Qué es la hepatología?

La hepatología es una subespecialidad de la gastroenterología que se dedica al estudio y tratamiento de las enfermedades del hígado. Típicamente un hepatólogo es un médico que se ha especializado en medicina interna (3 años), luego de lo cual se ha subespecializado en gastroenterología (2 años) y se ha entrenado uno a dos años adicionales en hepatología.

¿A qué se dedica un hepatólogo?

Las enfermedades hepáticas incluyen las hepatitis virales, como hepatitis B y hepatitis C, el trasplante hepático, el cáncer del hígado y el manejo de la cirrosis hepática. Adicionalmente las enfermedades de la vía biliar y del páncreas también son manejadas por hepatólogos.

¿Por qué se requieren hepatólogos?

El manejo de las enfermedades hepáticas ha avanzado enormemente en las últimas 3 décadas. La cirrosis hepática y el hepatocarcinoma se consideraban enfermedades incurables, pero con el advenimiento del trasplante en la década de los 80 las perspectivas de los pacientes con cirrosis avanzada mejoraron marcadamente. Los nuevos tratamientos para el cáncer hepático como la quimioembolización, la radiofrecuencia percutánea y el trasplante han mejorado su pronóstico. El virus de la hepatitis C recién fue descubierto en 1989, luego de lo cual los resultados de su tratamiento han ido mejorando progresivamente de 6% a 80% en la actualidad.

Todos estos avances han sido posibles gracias a nuevos tratamientos que son complejos, requieren conocimientos para decidir su aplicación y seguimiento adecuado. Los hepatólogos se dedican a aplicar estos tratamientos en las personas enfermas del hígado.

¿Qué condiciones trata un hepatólogo?

Evidentemente todas las enfermedades hepáticas de la vía biliar y del páncreas son condiciones a las que el hepatólogo se dedica. Particularmente hay una serie de condiciones en la que los hepatólogos son especialmente importantes, ya que la mayoría de los gastroenterólogos y otros especialistas no se dedican, ya que su manejo se ha hecho cada vez más complejo:

–          Trasplante hepático.

–          Tratamiento de la hepatitis B y hepatitis C.

–          Hepatocarcinoma.

–          Cirrosis hepática descompensada.

¿Qué ventaja tiene que me vea un hepatólogo?

Puede parecer obvio que los especialistas en las enfermedades hepáticas tienen más experiencia en el manejo de las enfermedades hepáticas. Hay estudios que demuestran que los pacientes tratados por hepatólogos tienen mejores resultados (ver).

Várices esofágicas

Várices esofágicasLas várices son dilataciones de las venas del esófago o estómago. Se forman como consecuencia de la hipertensión portal, que a su vez es causada por la cirrosis hepática.

Síntomas

Las várices esofágicas no producen dolor ni molestias, excepto cuando sangran. El sangrado variceal es una complicación grave del daño hepático crónico y puede manifestarse de las siguientes maneras:

  • Vómitos con sangre (“hematemesis”).
  • Deposiciones de color negro, pastosas y de mal olor (“melena”).
  • Lipotimia o desmayo.
  • Anemia crónica, en casos de sangrado en pequeñas cantidades por gastropatía de la hipertensión portal.

Diagnóstico

Las várices esofágicas o gástricas se diagnostican mediante la realización de una endoscopía. Tanto el tamaño de las várices como ciertos signos endoscópicos predicen el riesgo de sangrado.

Tratamiento

Ligadura de várices esofágicasCuando las várices son pequeñas y nunca han sangrado, no requieren un tratamiento específico. En estos casos se recomienda repetir la endoscopía cada año. Si las várices son grandes y no han sangrado nunca, se recomienda un tratamiento preventivo (“profilaxis primaria”). Lo más usado son medicamentos de tipo beta-bloqueador (propanolol y nadolol). En casos de sangrado activo, el paciente debe consultar en forma inmediata al servicio de urgencia. Además de la hospitalización y el aporte de volumen (suero), hay medicamentos intravenosos que pueden ayudar a controlar la hemorragia, como la terlipresina, octreotide y somatostatina. Sin embargo, el tratamiento de elección es endoscópico, mediante la ligadura de las várices del esófago o inyección de cianocrilato en las várices gástricas. Si las medidas endoscópicas no son efectivas en controlar el sangrado, se puede recurrir a la instalación de un TIPS, que consiste en la inserción de una prótesis (“stent”) que comunica la vena porta con la vena suprahepática. Se instala a través de un catéter insertado en una vena del cuello. Uno de los riesgos de este procedimiento es el desarrollo de encefalopatía. Una vez que ha ocurrido un sangrado, la posibilidad de que se repitan en el futuro es alta, por lo que se debe plantear algún tratamiento para evitar esta complicación (profilaxis secundaria). Las opciones en esta etapa incluyen el ingreso a un programa de ligadura de várices, con tratamiento endoscópico cada 3 a 6 semanas hasta lograr la erradicación de las várices. Habitualmente esto se logra luego de 3 a 4 sesiones. Otra opción es el uso de beta-bloqueadores como propanolol.